El duende


Ésta es la historia de un duende

que poseía una cruel mirada;

usaba un sombrero verde

combinado con una túnica plateada.

Una vez se posó frente a mi casa,

miró hacia mi habitación.

Sonrió maléficamente;

ya pronto, haría lo que planeaba.

Lamento por Don Quijote


Al final de todo, sólo tristeza;

echó a un lado el encantamiento,

perdió lo loco y volviose cuerdo,

murió y olvidose de su Dulcinea.


¡Oh! Caballero de la Triste Figura,

nacido en esta época de oprobio

para traer contigo la Edad de Oro

y exterminar a nuestra amargura.

Ópera nocturna


I


El mundo está primero en silencio, luego suenan las campanas de todas las iglesias. Es medianoche. Con el viento, se arrastra la melodía de miles de órganos que interpretan un canto macabro, un efecto de los espectros abismales que tocan con sus dedos intangibles las decenas de teclas. Son talentosos y expertos en los tonos del Infierno y de la oscuridad. Nunca desafinan. Llevan el ritmo en todo momento y saben introducir los silencios adecuadamente. Su tema es simple y, entre locos deslices y juguetonas maldiciones, se deja oír con todo su esplendor.

Do, si, la, re, la, si; tocan los espectros una y otra vez con sus manos izquierdas. Do, do, re, si; suena el acompañamiento producto de sus manos derechas.

La niña y la canción


El viento llora en medio de la noche. Los árboles murmuran mientras que sus hojas se agitan bajo el resplandor de la Luna. El viejo sauce golpea la ventana y despierta a la niña.

—¿Quién es?

Las sábanas se agitan y Tike asoma la cabeza, una manita temblorosa lo sostiene; el perrito de felpa examina la habitación, pero la oscuridad es inescrutable ante sus negros e inertes ojos.

—¿Quién es?

La rebelión de los panditas de gomita


La resurrección era una trivialidad. Tan sólo se necesitaba cerrar los ojos, estirar los brazos hacia el cielo, recitar una plegaria corta para luego decir: «regresa desde las sombras».

Entonces, se creaba el pandemónium en la Tierra. La Luna desaparecía, el Sol se tornaba verdoso, los árboles se pudrían y los animales enloquecían. Enseguida, se escuchaban los lamentos, esos sonidos de otro mundo que nos hacían temblar de pies a cabeza.

Quizá era miedo lo que sentíamos, quizá ira, quizá emoción, quizá nada. ¿Cómo describir la sensación que producía el control sobre la vida y la muerte? No hay manera de hacerlo; por eso los resucitábamos, queríamos sentir lo indescriptible.

La Creación


Cántico I

  1. Hielo y fuego en el principio fueron,
  2. antes que los biyad,
  3. antes que el mundo mismo.
  4. Hielo fue el cuerpo de Eleç,
  5. el padre de los biyad.
  6. Fuego fue la chispa
  7. que le otorgó la vida.
  8. Alabado sea Eleç, el primero en el universo.

¿Qué es el silencio?


Recuerdo la última vez en que simplemente nos quedamos sin hablar y, al no haber otro tema entre nosotros, tú (como siempre curiosa de mis pensamientos que me embriagan dejándome, también como siempre, sin palabras) me preguntaste:

—¿Qué es el silencio?

—Buena pregunta —Fue lo primero que salió de mi boca para hacer un poco de tiempo en lo que pensaba una genial respuesta (en la que no debrayara tanto en el asunto, aunque sospechaba que eso terminaría siendo inevitable).

Pasados unos segundos, se me ocurrió responder:

El vestido roto


Era una joven muy delgada con un vestido roto. Tenía el maquillaje corrido, el cabello enmarañado y grasiento, un moretón en la mejilla izquierda, los labios partidos y una oscura suciedad que se extendía por todo su cuerpo. Se encontraba en un sótano oscuro y húmedo. El piso era de tierra, las paredes de roca sólida, el techo de madera vieja por donde se filtraba la luz de una bombilla del piso superior.

Ella observaba los rayos que se filtraban entre los agujeros de la madera. Hacía mucho tiempo que estaba encerrada y no había visto nada tan claro como aquellos hilos brillantes que llegaban hasta su mugrienta habitación.